Existe una escena que se repite en casi toda la región Centroamericana, cada cuatro o cinco años. En las instituciones del Estado comienza a sonar la tan temida pregunta cuando culmina un gobierno; ¿a quien van a despedir? no se comienza a discutir sobre quien se queda o quien sabe hacer el trabajo de manera eficaz, sino de quien estuvo en la campaña, y de que lado de la história estaba.
¿Cuánto nos cuesta reinventar el Estado cada elección?
Al culminar el mes, la persona que llevaba años trabajando en el Estado, ya no esta. No la despidieron por falta de capacidades, o por un mal rendimiento, la descartaron por no tener el color partidario correcto. Esta es una de las fallas mas costosas y peor discutidas de la administración publica centroamericana, es algo que damos por hecho, nos parece algo natural del ciclo político, cuando no debería de ser asi.
El costo se paga doblemente, primero, en indemnizaciones y demandas laborales. Utilizando como ejemplo Honduras, para cuantificar la gravedad, en el 2026, el propio secretario de Trabajo del pais, advirtió que las demandas contra el Estado por despidos de empleados públicos podrían superar los 930.32 millones de dólares, sumando indemnizaciones, pagos retroactivos y embargos por fallos judiciales. Segundo, en el tiempo de aprendizaje de quien llega al puesto sin saber bien como es el trabajo en la institución retrasando procesos.
El índice de merito que el BID aplica a los servicios civiles de América Latina mide exactamente esto; cuanta protección real existe frente a la arbitrariedad y la politización en las decisiones de selección, ascenso y despido.
Costa Rica, Chile y Brasil tienen puntajes que oscilan entre 60 y 90 sobre 100. Un grupo intermedio, que va de 30 a 55, mezcla logros con prácticas clientelistas. Luego, hay un tercer grupo, con puntajes inferiores a 30, donde se encuentran todos los países de Centroamérica, salvo Costa Rica. Este rango indica dos aspectos: que no hay criterios establecidos para elegir personal por méritos y que tampoco hay medidas que salvaguarden al empleado de acciones arbitrarias.
La justificación habitual de un gobierno electo es "renovar el personal", que hasta cierto punto puede ser valido, pero ese punto deja de ser valido cuando la persona que ya conoce el sistema de una institución, el manejo de un proyecto de cooperación internacional vigente o la que sostiene un vínculo con una mancomunidad es despedia, y en su lugar se posiciona a alguien que no sabe nada del tema, entonces estamos perdiendo la trazabilidad y desarrollo de los proyectos.
Pero hay algo que me parece aun mas grave, cuando el empleo público comienza a repartirse por lealtades, el funcionario aprende que su permanencia no depende de su capacidad de trabajo, o servir bien al ciudadano sino de mantenerse dócil al oficialismo. Y es de ahí donde sale una administración que le responde al partido de turno y no al Estado; como consecuencia la ciudadanía deja de confiar en las instituciones publicas, un Estado sério tiene que reconocerse por su coherencia e imparcialidad.
Fuentes:
- BID, diagnósticos institucionales del servicio civil en América Latina — series 2004, 2011-2013
- Proceso Digital, "Demandas laborales podrían superar los 25 mil millones de lempiras, advierte titular de Trabajo", 18 de marzo de 2026
Make sure to share your own thoughts with the author by leaving a comment below
Log in or sign up to continue the conversation