Este post está escrito por Alejandra Mora Mora, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM)


  • El problema: La crisis mundial del trabajo de cuidados es un problema.
  • Por qué es importante: El trabajo de cuidados es uno de los principales obstáculos para la plena autonomía económica de las mujeres.
  • La solución: Generar políticas públicas que aborden la crisis del trabajo de cuidados e instalar sistemas nacionales de cuidados utilizando la Ley Modelo Interamericana de Cuidados diseñada por la CIM.

Dos años después de que la pandemia de COVID-19 azotara al mundo, nuestras sociedades enfrentan los efectos de las posteriores crisis sanitaria y económica junto con la crisis en Ucrania, las cuales han profundizado los problemas estructurales que estaban presentes en nuestras sociedades antes de este brote.

En particular, la excesiva carga de trabajo no remunerado que recae sobre las mujeres , agudizada por las medidas de confinamiento y la reducción de su participación laboral, resalta la importancia del trabajo de cuidado, ubicándolo en un lugar destacado de la lista de prioridades de la agenda regional de género.

Los retornos económicos de esta transformación e inversión en cuidados son evidentes: aumento de la recaudación tributaria, generación de nuevos puestos de trabajo en el sector del cuidado remunerado, formalización de los empleos y servicios existentes, y la inserción de la mitad de la población contribuyendo al crecimiento económico.

Este trabajo históricamente invisibilizado constituye una barrera para la plena participación de las mujeres en el mercado laboral, dado que entre el 71% y el 86% del trabajo de cuidado no remunerado lo realizan mujeres que tienen una carga horaria equivalente a una jornada laboral semanal. Además, aun cuando este trabajo sea remunerado, está desvalorizado económica y socialmente, debido a los estereotipos de género que rodean al trabajo de cuidados.

El caso del cuidado

El cuidado sustenta la economía, la productividad nacional, el desarrollo y la vida cotidiana, y es indispensable para el bienestar social; sin embargo, tradicionalmente ha recaído en las mujeres, por lo que debe ser reconceptualizada a través del reconocimiento, valoración y redistribución del cuidado entre actores como el Estado, el sector privado, las comunidades y los hombres.

En este contexto, la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM) ha realizado diversas acciones para generar conocimiento sobre las barreras estructurales al cuidado, entre ellas la Ley Modelo Interamericana de Cuidados y su guía de implementación, ambas herramientas concretas para los estados que buscan reconocer, valorar, redistribuir, regular y generar nuevas formas de cuidado y trabajo doméstico no remunerado, así como visibilizar y reconocer el aporte histórico de las mujeres en este ámbito.

Ante los escenarios actuales, los retos siguen siendo, por un lado, establecer nuevos pactos de género para avanzar hacia sociedades solidarias que posicionen el cuidado como un bien público fundamental donde todos los actores somos corresponsables, y por otro lado, posicionar el cuidado como una inversión económica y fiscal que permite a las mujeres participar en el mercado laboral.

Los retornos económicos de esta transformación e inversión en cuidados son evidentes: aumento de la recaudación tributaria, generación de nuevos puestos de trabajo en el sector del cuidado remunerado, formalización de los empleos y servicios existentes, y la inserción de la mitad de la población contribuyendo al crecimiento económico.

En relación a las transformaciones sociales y culturales en torno al cuidado, existe cierta resistencia al cambio que persiste tanto en los hombres individualmente como en la sociedad en su conjunto. Los pasos que debemos dar no son simples, ya que requieren superar los estereotipos históricos y la discriminación en relación con los roles convencionales asignados a mujeres y hombres. Estos cambios necesarios también impactan nuestro concepto fundamental de sociedad al reconocer la interdependencia de las personas, lo que a su vez rompe con la percepción de autosuficiencia que solo privilegia al individuo.

Sin duda, el cuidado es el eje estructural del empoderamiento económico de las mujeres, el crecimiento económico de los países, la transformación cultural hacia la corresponsabilidad y las políticas que cuidan, y será parte de la nueva ola feminista que construya colectivamente un proyecto global de desarrollo igualitario, inclusivo y sostenible. para las sociedades post-COVID.

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(Crédito de la imagen: Unsplash)


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