Actualmente, medimos la pobreza de los hogares, no de las personas, pero la realidad es que una abuela mayor y su nieto de veinte años que viven bajo el mismo techo experimentan privación de diferentes maneras y en diferentes grados. En este momento, no captamos esas diferencias, ocultando las desigualdades dentro del hogar y haciendo más difícil dirigir políticas y programas a los pobres del mundo. El Gobierno australiano ha invertido $ 9.5 millones en una nueva métrica de pobreza sensible al género, la Medida de Privación Individual (IDM), que tiene como objetivo abordar las brechas de datos y mejorar las políticas, no solo midiendo a nivel individual, sino también evaluando la pobreza en múltiples dimensiones más allá del dinero, incluido el acceso a alimentos, ropa, planificación familiar y libertad contra la violencia.


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