Este artículo fue escrito por André Darmanin, líder de Equidad, Inclusión y Pertenencia de Asuntos Municipales y Vivienda, Ontario, Canadá. André también es el fundador y director ejecutivo de Urban Equity Consulting.


  • El problema: el sector público ha pasado por alto en gran medida el debate crítico sobre la clase en el marco de la equidad, la diversidad y la inclusión (EDI), sin abordar los desafíos matizados y las perspectivas únicas que aporta a la fuerza laboral.
  • Por qué es importante: La diversidad socioeconómica es esencial para crear una sociedad equitativa e inclusiva; enriquece nuestras capacidades de resolución de problemas, impulsa la innovación y garantiza que nuestras políticas y servicios sean verdaderamente representativos y respondan a las diversas necesidades de la comunidad.
  • La solución: para fomentar una mayor inclusión y equidad, debemos priorizar la diversidad socioeconómica dentro de las estrategias de EDI, aprovechando las decisiones basadas en datos, el liderazgo diverso, los programas de tutoría, la participación comunitaria y las medidas de rendición de cuentas para desmantelar las barreras sistémicas y empoderar a todas las personas, independientemente de su origen socioeconómico. .

Hace seis años, un artículo de Apolitical de Gabrielle Ramos destacó el llamado a la acción para abordar la movilidad social. Si bien esta discusión ha permeado en varias partes del mundo, no ha llegado al sector público en América del Norte.

💬 Déjele saber al autor lo que piensa sobre el impacto de la diversidad socioeconómica y la movilidad social en la innovación de los servicios públicos dejando un comentario a continuación.

Para construir colectivamente una sociedad más inclusiva y equitativa, nosotros, como servidores públicos, tenemos el imperativo de hablar directa y resueltamente sobre el desafiante tema de la clase socioeconómica. Ya no podemos pasarlo por alto en el discurso crítico sobre equidad, diversidad e inclusión (EDI). El estatus socioeconómico, definido por la estabilidad financiera, la educación y el rol laboral, es un factor poco reconocido en nuestra comprensión de la diversidad, que introduce experiencias, conocimientos y desafíos únicos en el lugar de trabajo.

Como servidores públicos, abordar estas disparidades socioeconómicas es más que un acto de justicia social: es un movimiento estratégico que desata la innovación, impulsa el desarrollo de políticas matizadas y mejora la prestación de servicios. Una fuerza laboral más diversa socioeconómicamente mejora nuestra comprensión y respuesta a necesidades heterogéneas, impulsando un crecimiento integral.

Con una comprensión de la movilidad social y de clases y su relevancia en el escenario económico actual, tenemos el poder de salvar las disparidades.

El hecho de no abordar la movilidad social y de clase en las estrategias de EDI permite inadvertidamente una forma de sesgo: uno en el que las voces y realidades de los profesionales de origen socioeconómico bajo (LSEB) están subrepresentadas en las mesas de toma de decisiones. Esta omisión ignora la gama dinámica de enfoques, conocimientos e ideas para la resolución de problemas que esos individuos aportan a sus organizaciones.

Comprender la clase y la movilidad social en el EDI

En el centro de las estrategias de EDI se encuentra el reconocimiento de las diferencias individuales y nuestra responsabilidad colectiva de incluir estas diferencias en nuestros entornos de trabajo. La clase socioeconómica, que representa las capas sociales de los individuos en función de factores como la educación, la situación financiera y la ocupación, a menudo se pasa por alto en los debates sobre EDI.

La movilidad social (la capacidad de un individuo o una familia para ascender o descender en la escala socioeconómica) desempeña un papel importante en la configuración de las experiencias y perspectivas divergentes que los individuos aportan a la fuerza laboral. Brindar oportunidades de movilidad ascendente a personas de entornos socioeconómicos bajos es más que una cuestión de justicia social; también es un catalizador para impulsar la innovación y la excelencia en el sector público.

Cuando incorporamos clase y movilidad social en nuestros programas EDI, nos aseguramos de que nuestros equipos representen verdaderamente la sociedad a la que servimos. Los sesgos implícitos, las nociones preconcebidas sobre personas de entornos socioeconómicos específicos y las barreras de clase sistémicas obstaculizan esta inclusión. Un compromiso con la diversidad socioeconómica trasciende barreras, cataliza perspectivas y soluciones inexploradas y crea un entorno genuinamente inclusivo.

Relevancia en el clima socioeconómico actual

Nuestro clima socioeconómico actual está marcado por cambios rápidos y significativos debido a avances tecnológicos como la inteligencia artificial (IA), los cambios económicos globales y los impactos de larga data de la pandemia de COVID-19. Estas importantes influencias han arrojado luz y amplificado las disparidades socioeconómicas preexistentes.

Si bien una mayor digitalización y automatización ofrecen oportunidades de crecimiento e innovación, también crean desafíos económicos, especialmente para los empleados de nivel socioeconómico bajo. Además, la pandemia ha provocado pérdidas de empleo y estrés financiero, lo que ha afectado desproporcionadamente a quienes se encuentran en el extremo inferior del espectro socioeconómico.

Junto con estos cambios, los llamados urgentes a movimientos por la justicia social están iniciando conversaciones sobre desigualdades sistémicas, colocando la diversidad socioeconómica en primer plano en los diálogos sobre EDI. Por tanto, la inclusión socioeconómica no sólo es relevante; es imperativo para la resiliencia y adaptabilidad de nuestra fuerza laboral de servicio público frente a desafíos condiversidad y temporalidad.

Abordar la diversidad socioeconómica tiene ventajas más allá de la justicia. Una fuerza laboral representativa, consciente de las complejidades y matices de su sociedad, está mejor equipada para innovar e idear políticas que equilibren el progreso económico con la equidad social. Al integrar la clase socioeconómica en el EDI, creamos una oportunidad para abordar las disparidades socioeconómicas y dar forma a un entorno de trabajo que sea resiliente, adaptable y genuinamente representativo de la sociedad a la que sirve.

Garantizar la equidad socioeconómica: funciones y responsabilidades

Las organizaciones del sector público y los servidores públicos tienen una responsabilidad compartida en el logro de la equidad socioeconómica. Aquí hay algunas acciones que se pueden tomar:

  1. Adopte la toma de decisiones basada en datos : los datos precisos y confiables sobre los entornos socioeconómicos permiten a las organizaciones identificar desigualdades y tomar medidas informadas. Al utilizar estos datos, podemos establecer objetivos claros y diseñar estrategias bien orientadas para abordar las disparidades en la representación y las oportunidades en el sector público.

  2. Implementar y apoyar la capacitación y tutoría para empleados de bajos niveles socioeconómicos (LSEB) : ofrecer programas de desarrollo de habilidades, tutorías e iniciativas de apoyo entre pares puede proporcionar a los empleados de LSEB un ambiente propicio para crecer y contribuir de manera efectiva.

  3. Cultivar un liderazgo diverso : como empleados, podemos participar activamente en debates en el lugar de trabajo y abogar por un liderazgo diverso, allanando el camino hacia una cultura organizacional inclusiva. Garantizar que las organizaciones del sector público reflejen diversidad en el liderazgo puede motivar a empleados de diversos orígenes a aspirar a puestos más altos. Esta representación es fundamental para dar forma a una cultura organizacional inclusiva.

  4. Involucrar la participación y la educación de la comunidad : las organizaciones del sector público pueden invertir en iniciativas que derriben las barreras a la inclusión socioeconómica. Estos incluyen programas que fomentan las habilidades de empleabilidad, ofrecen capacitación tecnológica y abordan el síndrome del impostor. La colaboración con las escuelas y las comunidades locales puede ayudar a las organizaciones del sector público a aprovechar una rica reserva de talentos, fomentando la diversidad socioeconómica desde las primeras etapas del desarrollo profesional.

  5. Hacer que las organizaciones rindan cuentas : la transparencia, las evaluaciones de desempeño y el establecimiento de responsabilidad ejecutiva son cruciales a la hora de instituir y compartir resultados basados ​​en datos de iniciativas de diversidad en el sector público. Una demostración clara de los avances o retrocesos puede ayudar a reforzar el compromiso organizacional para mejorar los esfuerzos de EDI, generando una comprensión honesta e informada del camino hacia la diversidad socioeconómica.

Incorporar la diversidad socioeconómica en los programas de EDI es crucial para un servicio público próspero y representativo. Con una comprensión de la movilidad social y de clases y su relevancia en el escenario económico actual, tenemos el poder de salvar las disparidades. Colaboremos y adoptemos la toma de decisiones basada en datos, sistemas de apoyo, capacitación, representación de liderazgo, participación comunitaria y rendición de cuentas para crear un sector público inclusivo, equitativo y próspero.


¿Terminaste de leer? Asegúrese de compartir sus propios pensamientos sobre cómo podemos abordar mejor los prejuicios y las barreras sistémicas para lograr la equidad socioeconómica en los sectores públicos dejando un comentario a continuación ⬇️

(Crédito de la imagen: Unsplash )


Asegúrate de compartir tus propias ideas con el autor dejando un comentario abajo