Aunque a menudo utilizamos los términos «mensajería» y «comunicación» indistintamente, existe una diferencia significativa entre ambos.

En pocas palabras, la mensajería es unidireccional: su objetivo es transmitir un mensaje específico. La comunicación, por el contrario, es bidireccional: se trata de comprender, ser comprendido y, en el mejor de los casos, identificar puntos en común sobre los que construir.

En el complejo panorama actual de las relaciones, el comercio y las negociaciones a nivel mundial, comprender esta diferencia es cada vez más importante.

En muchos campos, especialmente en los que están en contacto con el público, los mensajes se presentan como comunicación. Los «comunicadores» expertos practican la disciplina del mensaje, transmitiendo sus puntos clave y dirigiendo las conversaciones hacia su agenda, en lugar de involucrarse realmente con diferentes perspectivas.

Los mensajes suelen ser estratégicos. Están diseñados para garantizar que se escuche y se tenga en cuenta un punto de vista, especialmente en entornos competitivos como debates, ciclos mediáticos o negociaciones. Esto requiere disciplina: mantenerse centrado, filtrar las distracciones y mantener la coherencia en el mensaje que se transmite.

Si tu objetivo es vender (un producto, una política o una opinión), la comunicación es una estrategia que tiene sentido. La comunicación sigue la metodología de decidir, vender, defender y atacar.

Además, para ser eficaz como comunicador se requiere cierta disciplina para mantener la concentración, eliminar el ruido y no distraerse con otras agendas. Separar el grano de la paja, como se suele decir. Hay que evitar todo aquello que desvíe la atención o pueda socavar tu mensaje.

La comunicación, por otro lado, es un proceso más complejo que requiere dar y recibir. No se trata de competir ni de imponer un mensaje, sino de crear entendimiento, en primer lugar, identificando valores y objetivos comunes y, en segundo lugar, creando soluciones de forma conjunta.

Para ser un comunicador eficaz se necesitan habilidades diferentes a las de un mensajero eficaz.

La comunicación comienza con la escucha y la empatía. Son habilidades que requieren un cierto nivel de humildad. Requieren aceptar que las mejores ideas pueden surgir de lugares inesperados, ya sea lateralmente en una jerarquía o horizontalmente dentro de una comunidad. Aceptan que las pepitas de sabiduría no siempre vienen claramente pulidas. Como todas las cosas, las ideas fluyen mejor lateralmente que trepando cuesta arriba, y se desarrollan mejor a través del rigor de la conversación. Cuanto más plana sea tu organización, más posibilidades tendrá de fomentar la creatividad, la ideación y la cocreación.

El arte de la comunicación consiste en discutir, decidir y luego actuar. Su enfoque tiende a centrarse menos en vender un producto o servicio y más en determinar las necesidades y oportunidades y en cocrear la infraestructura que las satisfaga.


Asegúrate de compartir tus propias ideas con el autor dejando un comentario abajo